El Hoyo Negro de Stephen Hawking: Breve historia de sus borracheras intelectuales por Camerino Berduzco

Titulo del libro: El Hoyo Negro de Stephen Hawking: Breve historia de sus borracheras intelectuales

Autor: Camerino Berduzco

Número de páginas: 57 páginas

Fecha de lanzamiento: December 17, 2016

Editor: Camerino Berduzco

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El Hoyo Negro de Stephen Hawking: Breve historia de sus borracheras intelectuales por Camerino Berduzco

Camerino Berduzco con El Hoyo Negro de Stephen Hawking: Breve historia de sus borracheras intelectuales

A los científicos, les ataranta la falta de respuestas acerca de lo que hubo más allá del Génesis y por eso han inventado la fábula del “Big Bang”, literalmente gran estallido, que constituye el momento en que de la "nada" emerge toda la materia, es decir, el origen del universo. La materia, para los bigbanlólogos romancistas era un punto de densidad infinita que, en un momento dado, como por arte de magia, “explota” generado su expansión en todas las direcciones y creando lo que conocemos como nuestro universo.
La Biblia explica el origen de todas las cosas de manera más genuina. Explica que Dios es la fuente infinita de poder, o energía (Job 37:22-24), un hecho relevante, ya que los científicos han descubierto que la energía puede transformarse en materia. En ese sentido, la Biblia dice que Dios es la fuente de la energía dinámica que produjo el universo. ¿A quién me parezco? —dice el Santo—. Levanten los ojos a lo alto y miren: ¿Quién ha creado todo esto? El que dispone en orden su ejército y llama a todos por su nombre. Debido a la abundancia de energía dinámica: tal es la grandeza de su fuerza y su poder, que no falta ni uno solo.
Él promete que usará ese poder para mantener intacta su creación, como lo dice el salmista refiriéndose al sol, la luna y las estrellas: “Dios los tiene subsistiendo para siempre, hasta tiempo indefinido” (Salmo 148:3-6). Dios lo ordenó y fueron creados, y los sometió para siempre a las leyes que rigen el universo de manera inalterable.
El profeta Isaías escribió hacia el 758 a.C: “Él extiende como una carpa el cielo, (y) como una tienda habitable lo despliega”. Proclamó que el Señor es un Dios eterno y ha creado toda la tierra. Por consiguiente, no se cansa ni se fatiga, y su inteligencia es inescrutable.
Es decir, ¿quién puede igualársele a Dios en poder y sabiduría? O siquiera quién puede ser capaz de conocer su mente? Mientras no conozcamos la mente de Dios —hazaña que nunca ocurrirá—, la ciencia y sus hacedores no dejarán de andar dando palos de ciego, buscando infructuosamente dar en el blanco. Lo único en que han coincidido, todos ellos, es que el universo se expande, aunque ignoran a qué velocidad, con qué frecuencia o para qué.
Hasta el día de hoy, la comunidad científica solo ha descubierto que el agua moja y que el sol sale para todos. Pero, prefieren seguir ignorando que la Biblia, escrita hace miles de años, dice que Dios expande el universo. Esta teoría que no es teoría, sino una declaración universal, es la única que reconoce el hombrecito Stephen Hawking en su Historia del tiempo, cuyo registro, según él, comenzó con el “Big Bang” y se detuvo en los “Agujeros Negros”.
Sin pretender ser groseros con este científico vulgar y con el solo afán de esclarecer el punto, tal vez concediéndole el beneficio de la duda sobre ese disparate, hace poco le pregunté a mi hijo Michel —vía WhatsApp, que es la única forma en que ambos podemos mantener comunicación— qué tan ciertas eran las afirmaciones del tal Hawking. La respuesta de mi hijo no se dejó esperar, y sin más me dijo:
—Está loco ese. Es hijo del Mión —mote con el que bautizamos a Satanás en 2015—. “Negro” tiene otra cosa. Mejor ocúpese de su mujer, es más importante que lo que diga ese hombre, papi.
No pregunté nada más. La respuesta de mi hijo era, aunque dicha coloquialmente, más que suficiente. No hay agujeros negros o supercarreteras en el universo. La Biblia no lo menciona, pero sí podemos afirmar que Dios ni sus ángeles necesitan de semejantes disparates para transportarte o trasladarse de un lugar a otro, como lo sustentaremos en este libro.